nuestro patrono

 

Justicia

ESQUIÚ, EL ORADOR DE LA CONSTITUCIÓN

"...cuando los pueblos, pasado el vértigo consiguiente a una transformación inmensa, sosegada la efervescencia de mil intereses encontrados y excitados por un hombre de la providencia, se aúnan y levantan sobre su cabeza el libro de la Ley, y vienen todos trayendo el don de sus fuerzas, e inmolando una parte de sus libertades individuales, entonces existe una creación magnífica que rebosa vida, fuerza, gloria y prosperidad: entonces la vista se espacia hasta las profundidades de un lejano porvenir."

"Obedeced , señores, sin sumisión no hay ley, sin leyes no hay patria, no hay verdadera libertad: existen sólo pasiones, desorden, anarquía, males de los cuales Dios libre eternamente a la República Argentina..."

Sermón pronunciado el 9 de julio de 1853

ESQUIÚ CONSTITUCIONALISTA

Corría el año 1853. Después de una larga y cruenta guerra civil, se promulgaba la Constitución y se preparaba el establecimiento de un orden, de paz y de progreso. En medio de la zozobra en que se había sancionado la nueva Constitución, se trataba ahora de serenar los espíritus. Cada provincia, al promulgarla, procura prestigiarla con la palabra autorizada de un orador de nota.

El gobierno de Catamarca se dirige al Convento de San Francisco, y solicita al Padre Esquiú para predicar el sermón de circunstancia. El día 9 de julio de 1853, y ante las autoridades de toda la Provincia, Esquiú pronunció su célebre discurso. En ese sermón Esquiú dejó asentadas tantas verdades, enseñanzas tan luminosas y un cuerpo de doctrina jurídica y sociológica tan sólido, que muy bien pueden formarse de él y del otro discurso que pronunció al año siguiente que es su complemento, con motivo de la instalación de las autoridades nacionales, todo un trabajo de sociología cristiana y hasta de historia política.

El famoso sermón fue publicado por disposición de las autoridades de la Nación, dándole renombre al notable orador catamarqueño.

Libertad

"Me gusta la soledad y una vida retirada; sin embargo, mientras tenga fuerzas me veréis siempre inquieto de una a otra parte, solícito del bien de todos".