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El Obispo de Córdoba

Fray Mamerto Esquiú fue consagrado obispo de Córdoba el día 12 de diciembre de 1880, y tomó posesión de su sede episcopal el día 16 de enero del año siguiente. Siempre creyó no corresponderle la dignidad episcopal.

El mismo lo deja estampado en su diario personal. En la Catedral pronunció una breve homilía que causó honda impresión. Con humildad de santo, habló de sí para rebajarse. Jamás se había oído en Córdoba algo semejante. Preguntábase con enorme sinceridad; si el haber sido elevado a la dignidad de obispo sería para su salvación o su condenación. Proponía dedicarse por entero a su pueblo: "Me gusta la soledad y una vida retirada; sin embargo, mientras tenga fuerzas me veréis siempre inquieto de una a otra parte, solícito del bien de todos".

El primer año de gobierno, que fue de organización y de ejemplar actividad, lo pasó en la ciudad.

Todas las mañanas celebraba misa. Un día era en la capilla de la cárcel; otro en la del asilo de mendigos; otro, en el hospital. Su caridad le llevaba con preferencia hacia los más desgraciados y hacia los que más necesitaban de una palabra de amor. Su casa era una romería de gente de todas las clases sociales, esencialmente de pobres, a quienes repartía personalmente su dinero y limosnas. A veces llenaban el patio de su residencia y ocupaban las aceras y la calle. Los pobres no solían conformarse con el dinero y el pan que les repartían, sino que solicitaban su bendición y la palabra del Obispo. Muchas veces el pobrerío incomodaba a los vecinos, dando lugar a que su ferviente caridad fuera criticada.

El segundo año de gobierno lo dedicó a la campaña, llevando una vida verdaderamente apostólica y misionera a todos los curatos. En los meses de enero, febrero y marzo de 1882, visitó las parroquias de Tulumba, donde colocó la piedra fundamental del nuevo templo. Realizó una misión de nueve días, imponiendo el sacramento de Confirmación a más de mil personas. Posteriormente lo hizo en San José de la Domida, donde bendijo el actual templo. Siguieron las visitas pastorales a Villa de María de Río Seco y Quilino, donde misionó y confirmó a numerosísimos fieles. A mediados del mismo año se trasladó a la región del sur de Córdoba, donde visitó numerosas parroquias y capillas en varios departamentos, entre ellas: Villa de la Concepción, Villa Nueva, Ballesteros, Bell Ville, Capilla de San Antonio, Sacanto, Arroyito.

Durante todas las misiones realizadas en los curatos del interior, Esquiú fue acompañado por los misioneros jesuitas Félix Dalmau y Luis Feliú.